Había una vez un pequeño osito de peluche llamado Bobo, que un día descubrió que ¡no encontraba su nariz!
“¿Dónde está mi naricita?” se preguntaba, moviendo su carita de un lado a otro.
Con curiosidad y emoción, Bobo recorrió su habitación:
Bajo su almohada buscó.
Entre sus bloques de colores escudriñó.
Dentro de su cajón de calcetines se asomó.
Pero su suave naricita ¡no aparecía!
Entonces escuchó una vocecita dulce:
—“¡Mírate en el espejo, Bobo!” —le susurró su mamá.
Bobo corrió hacia el espejo y allí, reflejada, vio su carita completa: sus ojos curiosos, sus orejitas redondas… ¡y justo en el centro, su pequeña nariz de botoncito!
—“¡Aquí estás!” —exclamó, tocándosela con su patita—.
“¡Te encontré, mi naricita!”
Contento, Bobo sonrió y se dio cuenta de que, a veces, la respuesta más fácil está justo frente a nosotros.
Y desde ese día, cada mañana y cada noche, Bobo saludaba su reflejo con un:
—“¡Hola, naricita mía!”
🩵Fin🩵
En un puerto pequeño vivía un barquito azul que soñaba con recorrer el mar y…
En un lago cristalino vivía una rana saltarina que amaba cantar y jugar en el…
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En un prado verde nació una pequeña flor de pétalos rosados, que cada mañana miraba…
En un bosque tranquilo vivía un osito pequeño que tenía un tesoro muy especial: su…
En lo profundo del océano vivía una ballena alegre que adoraba saltar sobre las olas.…