Había una vez, en un bosque muy tranquilo, un pequeño conejito blanco que vivía en una acogedora madriguera bajo un árbol grande. Su pelaje era tan suave como las nubes y tan blanco como la luz de la luna.
Cada noche, antes de dormir, el conejito miraba al cielo y saludaba a la Luna.
—"Hola, Luna bonita. ¿Qué hiciste hoy?" —le preguntaba con dulzura.
La Luna, que brillaba con una sonrisa de plata, bajaba un rayito de luz y le susurraba:
—"Hoy vi niños jugar, pájaros cantar y flores abrirse al sol. Pero mi parte favorita del día... es verte a ti."
El conejito se sonrojaba y se acurrucaba entre las hojas de su cama. Le encantaba escuchar las historias de la Luna.
Una noche, la Luna no apareció. El cielo estaba cubierto de nubes.
—"Luna, ¿dónde estás?" —susurró el conejito, un poco triste.
Entonces, una brisa suave trajo un susurro:
—"Aunque no me veas, siempre estoy aquí, cuidándote desde el cielo."
El conejito cerró sus ojitos y sonrió. Se sintió seguro, amado... y muy feliz.
Desde ese día, supo que, incluso cuando no podía ver a la Luna, ella siempre estaría ahí, mirándolo con cariño.
Y así, con el corazón lleno de ternura, el conejito blanco se durmió... soñando con estrellas, abrazos de luz y un cielo lleno de amor.
🩵 Fin 🩵
En un puerto pequeño vivía un barquito azul que soñaba con recorrer el mar y…
En un lago cristalino vivía una rana saltarina que amaba cantar y jugar en el…
En lo profundo del océano azul vivía un caballito de mar muy especial: tenía una…
En un prado verde nació una pequeña flor de pétalos rosados, que cada mañana miraba…
En un bosque tranquilo vivía un osito pequeño que tenía un tesoro muy especial: su…
En lo profundo del océano vivía una ballena alegre que adoraba saltar sobre las olas.…